El hombre malo

Jul 31, 2021

Cuenta la leyenda, que en una ladera del monte, en una casucha de piedra, vivía un hombre malo. La casucha tenía un destartalado portalón azul con manchas marrones por el óxido de las bisagras. Y el hombre era tan malo que nadie se acercaba a él.

Decía la gente, que en su terreno tenía frutales, un perro atado al que no trataba bien, y decían además, que en plena postguerra, cuando no había comida, el hombre malo dejaba caer las manzanas y las nueces de sus árboles para verlos pudrirse en la tierra.

Y decía la gente que el hombre malo no hablaba con nadie, y que pasaba sus días solo siempre en su casucha de piedra. Hasta que una persona dijo un día:  «Y si fuéramos a hablar con el hombre malo y le ofreciéramos recoger la fruta de los árboles frutales y sacar a su perro?», pero la gente decía que «No», que era un hombre muy malo.

Esa persona decidió desoír a la gente que tanto hablaba sobre el hombre malo. Y un día, que como de costumbre en aquel lugar del mundo llovía, dio en la puerta azul de manchas marrones. El hombre malo abrió el portalón, y bajo su pequeño porche hablaron: de su perro, de sus nogales, y de sus manzanos.

Pasaba el tiempo y la gente seguía hablando mal del hombre malo. Pero aquella persona que dio en su puerta no escuchaba lo que la gente hablaba, y otro día fue hablar con él. Ese día no llovía, y bajo un cielo azul hablaron, del perro, y del portalón, del tiempo, y del sol.

La gente seguía hablando mal del hombre malo, y decían que con el hombre malo no se podía hablar. Pero la persona que no escuchaba lo que hablaba la gente fue a hablar con el hombre malo otra vez.  Y como había salido el sol caminaron por el monte con el perro suelto, y al regreso el hombre malo le regaló unos cuantos kilos de manzanas y nueces.

La gente seguía hablando mal del hombre malo, y decían que con el hombre malo no se podía hablar.  Pero la persona que no escuchaba lo que la gente decía fue a visitar al hombre malo otra vez. Y esta vez se lo encontró con un bote de pintura azul, pintando el portalón de su casa y con el perro suelto.

Ese día el hombre malo dejó la brocha, le dio una cesta para que recogiera tanta fruta quisiera y juntos llenaron las cestas de manzanas y nueces.

Ese día, con las cestas llenas de manzanas y nueces, con el perro del hombre malo junto a él, se acercó a la gente, y mientras repartía las manzanas y las nueces, les hizo saber que el perro y la fruta, eran del hombre malo con quien él tanto hablaba.

Pero la gente, mientras masticaban las manzanas y nueces del hombre malo —y mientras acariciaban a su perro— decían que con el hombre malo no se podía hablar, que tenía un perro que nunca soltaba, fruta que no compartía, y que el hombre malo era muy malo.


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